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04 abril, 2017
Redacción ADN40
Opinión

Espacio profundo

ElonMusk, el dueño de la empresa SpaceX dedicada a la exploración espacial, planea enviar a dos ciudadanos a un viaje alrededor de la luna a finales de 2018.

Por Guillermo Fajardo

  El hombre regresará a la luna bajo los auspicios siderales del misterio. ElonMusk, el dueño de la empresa SpaceX dedicada a la exploración espacial, planea enviar a dos ciudadanos a un viaje alrededor de la luna a finales de 2018. La hazaña ya no parece tal: se trata del combustible natural de los avances que hacen posible diseños cada vez más imposibles. El universo se acerca a nosotros a velocidad relámpago pero siempre contenido en apenas en un susurro, la anomalía de una estrella o la fascinación infinita por los deportes extremos de los años luz: tiempos inconmensurables que existen entre las galaxias que nos regresana nosotros mismos primitivos, básicos y unidimensionales.

La relación del hombre con el universo bien puede ser la de una puerta negra en una habitación iluminada: el secreto está ahí, se puede ver, ¿qué es lo que hay detrás? El universo es una serie ilimitada de coincidencias que lo mismo nos entrega planetas hechos de diamantes que hipótesis sobre porque Marte no tiene la atmósfera que la Tierra goza. Después del descubrimiento de América y de la expansión del hombre por el globo, los mapas modernos han abarcado casi toda la superficie terrestre como un virus amable de direcciones. Sabemos cómo soplan los vientos, la profundidad de las Fosas Marianas y hemos descubierto criaturas, en el fondo del mar, que se asemejan a geometrías que pudimos haber encontrado hace millones de años, cuando los dinosaurios pisaban la Tierra. La globalización recrea ostentosamente la posibilidad de la omnipresencia humana. Cada rincón terrestre dominado por tecnologías que nulifican los peligros de la Naturaleza; las dagas invisibles de los extremos. Encontrados con nuestro propio rostro humano, la sociedad capitalista ha hecho de la industria y sus tecnologíasla defensa primera de una contención de igualdad entre hombre y Naturaleza.

La Tierra se hace pequeña y el hombre voltea al Universo como religión alterna subordinada al conocimiento humano. No se trata de substituir el globo con lo desconocido sino de proporcionarnos opciones de viajes interestelares, turismo exótico celeste, la creatividad científica de los premios espaciales: nuevos planetas, nuevas anomalías, una Naturaleza cósmica levantada a partir de rocas estelares, explosiones inimaginables, hoyos negros que transportan materia, vida y muerte, tumbas profundas de materia.

De ninguna manera hemos descubierto todo lo que la Tierra ofrece y más bien comenzamos a rastrear los peligros de nuestra frontera humana: parece que, dada como regalo biológico y evolutivo, la merecemos y, por tanto, olvidamos que los límites de la vida no los dictamos nosotros sino acaso una ley muy especial que solo la Tierra conoce. La exploración espacial se vuelve urgente cuando recordamos que a las últimas muestras de vida que existieron en la Tierra las arrasó un violento meteorito que los científicos han descubierto cayó en Yucatán. El recordatorio de esas entrañas siderales tiene que ser una fotografía mortal de las franjas limítrofes de los peligros que de ninguna manera hemos aprendido a domar, y que palpitan allá afuera, suspendidos, esperando sus regresos.

El que ElonMusk mande a dos ciudadanos a la luna y de regreso -quizá en otro momento se explorará la posibilidad de tumbas espaciales-, tendría que ser considerado un buen signo de esperanza. Para algunos, sin embargo, el futuro de la Tierra se encuentra en la Tierra y no en lo que parece la frivolidad exótica de un par de ricos. Millones de personas en África se encuentran, según la revista _TheEconomist_, en riesgo de perecer de hambre en Yemen, Sudán del Sur, Somalia y Nigeria. Mientras que el hombre no le ha asegurado la existencia a millones de seres humanos, el hombre también se permite el turismo espacial como herramienta primera de supervivencia. Y es que no se trata solo de un viaje: es el primer escalón de una larga noche que inevitablemente vendrá sobre nosotros cuando la Tierra así lo decida.

Lo único cierto del Universo es que vendrá a tocarnos la mano.

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